viernes, 9 de mayo de 2008

Cadena

Pues recogo el testigo

Cosas que no me gustan:


  • No me gustan las personas que te hacen ver que son de una manera y en realidad son de otra; las personas que te dicen una cosa y al minuto otra diferente a otro; las que son capazes de traicionar a alguien.

  • No me gusta la política que vemos hoy en día en nuestra España: que más da que sean de un partido o de otro, si son todos iguales.

  • No me gustan los comportamientos de algunas personas, como las que hacen de los vicios su forma de vida y viven solo pensando en que llegue el próximo dia (una vez más) de volver a cegarse bebiendo o/y tomando otras cosas, y luego encima se jactan de ello.

  • No me gusta madrugar, lo mio es salir de la cama entre las 11 y las 12 de la mañana, aunque por desgracia muy pocas veces lo puedo llevar cabo.

  • No me gusta ver como muchos no saben hacer otra cosa más que criticar y hablar mal de lo que no conocen, y por tanto dar rienda suelta a la ignoracia.

  • No me gusta, en general, la sociedad en la que vivimos hoy en día; llena de injusticias y de sin-sentidos.

Me gusta:



  • Me gusta ante todo reir, y si es en compañía pues muchísimo mejor; me gusta reirme lo máximo posible, y de todo lo que sea posible. Por esos momentos merece la pena pasar otros que no son tan buenos.

  • Me gusta, no podía ser de otra manera, ver procesiones: disfruto viendolas y desde luego no sería el mismo sin ellas. Y también si es en compañía, mejor.

  • Me gusta escuchar buena música, como por ejemplo marchas de Semana Santa, que como diría cierto profesor te lleva al séptimo cielo.

  • Me gustan las tradiciones como exponente máximo de nuestro pueblo, y la historia de este.

  • Me gusta, me encanta mi ciudad a la que amo con locura. Salamanca tierra mía: contemplar sus calles e Iglesias.

  • Me gusta en definitiva, pasar momentos con la gente que me cae bien, y poder echarle buen humor a la vida.


Yo no nomino a nadie, si a alguno le hace ilusión pues que lo haga.

martes, 6 de mayo de 2008

Cristo de los Milagros

Procesión del santo Cristo de lo Milagros

Salamanca, 4-V-08































viernes, 2 de mayo de 2008

IN HOC SIGNO VINCES

"Poned los ojos en la Cruz,
donde el Hijo de Dios prefirió la justicia a su propia vida,
pues había proclamado con gestos y palabras
la dignidad de los pobres y marginados,
denunciado la opresión y los abusos de los poderosos"



“Cuenta el historiador Eusebio de Cesarea que el general Constantino, hijo de Santa Elena, era pagano pero respetaba a los cristianos. Y que teniendo que presentar una terrible batalla contra el perseguidor Majencio, jefe de Roma, el año 311, la noche anterior a la batalla tuvo un sueño en el cual vio una cruz luminosa en los aires y oyó una voz que le decía: "Con este signo vencerás", y que al empezar la batalla mandó colocar la cruz en varias banderas de los batallones y que exclamó: "Confío en Cristo en quien cree mi madre Elena". Y la victoria fue total, y Constantino llegó a ser Emperador y decretó la libertad para los cristianos, que por tres siglos venían siendo muy perseguidos por los gobernantes paganos.Escritores sumamente antiguos como Rufino, Zozemeno, San Cristótomo y San Ambrosio, cuentan que Santa Elena, la madre del emperador, pidió permiso a su hijo Constantino para ir a buscar en Jerusalén la cruz en la cual murió Nuestro Señor. Y que después de muchas y muy profundas excavaciones encontró tres cruces. Y como no sabían cómo distinguir la cruz de Jesús de las otras dos, llevaron una mujer agonizante. Al tocarla con la primera cruz, la enferma se agravó, al tocarla con la segunda, quedó igual de enferma de lo que estaba antes. Pero al tocarla con la tercera cruz, la enferma recuperó instantáneamente la salud. Y entonces Santa Elena, y el obispo de Jerusalén, Macario, y miles de devotos llevaron la cruz en piadosa procesión por las calles de Jerusalén. Y que por el camino se encontraron con una mujer viuda que llevaba a su hijo muerto a enterrar y que acercaron la Santa Cruz al muerto y éste resucitó.”

Hoy es el día en que la Iglesia celebraba el hallazgo de la Santa Cruz, aunque hoy en día sea la fiesta de san Felipe y Santiago apóstoles.
Pero aun así yo no puedo dejar de recordar tantas cruces que hay en el mundo y en la vida personal de cada uno. Pero sobre ellas está la gran Cruz, que nos libró de todas las demás; hasta entonces la cruz no era más que un instrumento de suplicio y “justicia”, pero desde entonces es el principal signo de fe.






"Venid, oh cristianos- la cruz veneremos – la cruz recordemos – de Cristo Jesús"

2 de Mayo


-Dime hijo: ¿qué eres tú?


-Soy español, por la gracia de Dios.


-¿Cuántas obligaciones tiene un español?


-Tres: ser cristiano y defender la Patria y al Rey.


-¿Quién es el enemigo de nuestra felicidad?


-El emperador de los franceses.


-¿Quién es este hombre?


-Un malvado, un ambicioso, principio de todos los males, fin de todos los bienes y compuesto y depósito de todos los vicios.


-¿Cuántas naturalezas tiene?


-Dos: una diabólica y otra humana.


-¿Qué son los franceses?


-Antiguos cristianos y herejes modernos.


-¿Es pecado asesinar a un francés?


-No, padre; se hace una obra meritoria librando a la patria de estos violentos opresores.



Del «Catecismo español de 1808»



Gloria a los héroes del 2 de Mayo que supieron unirse para defender la gloria y el honor de nuestra Nación.


¡Viva España!


sábado, 26 de abril de 2008

Viernes Santo I

El día comenzó para mí a las cuatro de la madrugada tras un par de horas de estar en la cama o ni eso porque el Jueves también fue un gran día y cuando me quise acostar eran cerca de las dos. Después de un desayuno contundente, a las cuatro y media de la madrugada ya estaba yo buscando refugio contra el frío en los muros de las dominicas, pues fueron unos días de doble calcetín, de doble pantalón y de todo tipo de ornamentos para abrigarse.

Tras una larga y aburrida espera por fin a las cinco se abrieron las puertas de san Esteban y en unos minutos Jesús de la Pasión emprendió rumbo por las calles salmantinas con los sones de Señor de san Esteban, por fin había conseguido verle salir después de varios intentos. Tras Él salió el Cristo de la Buena Muerte y la emoción volvió a aparecer. Entonces fue cuando Rubén y yo emprendimos rumbo hacia la calle Calderón de la Barca subiendo por la memorable cuesta de Tostao, a la que no dijimos adiós pues nos volveríamos a ver mas tarde.

Cómo no, un año mas disfruté viendo pasar a la Piedad, que tuvo el honor de introducirme cuando era yo niño en la vida semana santera salmantina; este año más que nunca me vinieron a la mente mis años de cofrade en su procesión siempre a un lado de su estandarte. Viendo el encuentro entre los pasos también volví a sentir el frío que de niño pasé esperando nuestra incorporación en la procesión con los demás pasos.
Una vez pasó la piedad empezamos a oír las campanillas míticas de la Esperanza que tantas veces oímos en nuestros momentos de delirios semanasanteros. Pasó la Virgen y emprendimos camino hacia la Plaza, como ya es costumbre.

Llegamos al Corrillo, y allí nos esperaba otra vez Nuestro Padre Jesús de la Pasión bajo las primeras luces del día, momento idóneo sin duda para sacarle unas fotos más para el recuerdo.
Una vez ya en la Plaza no nos pudimos resistir y nos dirigimos a tomar un rápido café contra el frío y el sueño antes de que la procesión pasara por allí

Fue impresionante volver a ver a Jesús de la Pasión, al Cristo de la Buena Muerte, a la Piedad y a la Esperanza un año más dando la vuelta al ágora salmantina con el retumbar de sus acompañamientos musicales y las banderas a media hasta.
Volvimos a verlos una vez más a la entrada de su Iglesia y por tanto regresamos a donde ya habíamos estado de madrugada bajo la luna llena de Pasión que me recordaba al cuerpo mismo de Cristo recogido en ese momento dentro del Sagrario. El canto de la Salve me llevó a ponerme en el lugar de una madre que ve sufrir y morir a su hijo y me llenó de emoción aunque la gente pasase un poco de ello y siguiera dando voces.
Volvimos a subir Tostao para poder despedir a la Piedad, y entonces yo volví a recordar mis años de cofrade en los que estaba deseando que ese momento no llegara pues se acababa la procesión

Una vez despedida nuestra madre, corriendo para casa, corriendo de verdad pues había que coger el traje azul recién planchado que hacía unas pocas horas nos habíamos quitado.

Llegada a casa y otra vez, esta vez con mas ilusión y cansancio que nunca, dirección a la Santa Vera Cruz. Una vez allí a ponerse el traje otra vez y a encender el incensario Rubén y yo pues con guantes, capirote capa, etc. es tarea complicada.
Las doce en punto, todos preparados esperamos la señal prometida por don Daniel, que casi se nos cae al subir al estrado, y el cortejo hacia el patíbulo comenzó: escaleras arriba, escaleras abajo. Incensario que se apagaba y se enredaba. Fotógrafos que se querían colar. Mujeres, hombre y todos. Don pablo de lejos mirándonos. El Pueblo mío que te he hecho en que te he ofendido; etc.
Y por fin bajaron a Cristo muerto de la Cruz: primeramente el prelado diocesano venera el cuerpo muerto de Cristo, a continuación lo haremos los que estamos en el estrado, más tarde el pueblo…
Y para acabar, procesión de vuelta con Cristo bajo palio a la Capilla donde lo pusimos en el sepulcro en el cual esperaría hasta la procesión de la tarde. A quitarse el traje y dirección otra vez a casa a comer y a descansar un rato.

Me fue imposible ir a nuestra capilla a la celebración de la Pasión y Muerte pues tenía que descansar un rato tras la intensa mañana; pero no pude resistirme en emprender rumbo a las cinco a la casa de nuestra Madre Auxiliadora a escuchar lo que estábamos viviendo: la pasión de Nuestro Señor Jesucristo, “Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca”. Por segundo año me volví a emocionar viendo la procesión desde el final de la Iglesia con el instrumento de martirio y de redención bajo el cántico por parte de don Manuel: mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo.
Ni siquiera pude quedarme hasta el final pues el espíritu cofrade me mandaba hasta la Plaza de Colón donde por curiosidad acudí a ver si las otras cofradías cumplían sus horarios; después de casi veinte minutos sentado en el suelo del parque emprendí el camino mas deseado hasta la Vera Cruz sin haber visto salir a Jesús Rescatado y sin haber visto pasar el paso del Huerto…