sábado, 1 de septiembre de 2012

domingo, 1 de julio de 2012

Miserables

Vivimos en los tiempos del todo vale. Debe ser que los conceptos eternos y las verdades absolutas han muerto, todo vale; relativamente según cómo se mire, todo está bien, todo es aceptado. Y ello se intenta legitimar sobre falacias, sobre la idea de que la felicidad es la máxima que hay que conseguir por encima de todo, una felicidad que en sí misma es una mentira, precisamente por eso, porque no es verdadera sino relativa, caduca como todas las cosas de este mundo y que en realidad no son nada. Todo vale, todo lo alcanzable por el hombre es válido para conseguir lo que se busca, todo vale y es el hombre mismo el que pone sus propios límites donde le interesa.

 
Lo que antes era malo e inaceptable, incluso para la propia persona, hoy puede ser perfectamente válido e incluso loable. No importa tener unos valores sólidos e inamovibles, que en el fondo son los que dan esa felicidad absoluta (una felicidad esta que es bastante diferente a la otra). No importa construir sobre la solidez de la verdad, lo que hoy es blanco pues mañana es negro, y es bueno igualmente porque le sirve al hombre para buscar lo que en ese momento le hace feliz (felicidad falsa y efímera).

El hombre se ha hecho dios mismo, él mismo es su propio dios. Todo vale. El hombre solo vive por su interés, no le importa los valores pasados que hay que pisotear para alcanzar ese falaz objetivo. Todo vale con tal de servirse a uno mismo, aplastando para ello todo lo que haga falta, incluso lo que ayer mismo se veía como bueno, justo, loable…

 
El hombre hoy en día busca construir su propia Torre de Babel. Por tanto tiene que pisotear todo lo que le impide construirla. Todo vale con tal de cimentar ese ídolo pagano. Todo le vale al hombre y le es bueno, incluso pasar por encima de lo que antes era intocable, solo construye su vida en su interés, y para justificar esto es capaz de inventar todo lo que haga falta, inventar y dar la vuelta a todo para su provecho.
El hombre hipócrita y falso en sí mismo, que es capaz de rasgarse las vestiduras ante comportamientos que luego él mismo en realidad apoya. Nido de víboras este en el que vivimos.

Solo le importa el momento, el interés de ahora mismo, no se molesta en construir y mirar hacia el futuro, pero eso es precisamente por el miedo que le tiene al futuro, por ello solo sabe vivir el presente. No tiene horizonte fijo, solo divaga de un lado a otro, pero siempre fracasa en todo por mucho que disfrace ese fracaso y eche la culpa a otros de él. La felicidad eterna no se construye sobre la nada del momento o del interés, solo se construye buscándola durante toda la vida.
Malos tiempos son estos en los que lo bueno es malo, y lo malo bueno, ambos conceptos solo se diferencian en tanto en cuento el hombre los necesite para su propio interés y provecho. El hombre sustenta su felicidad en mentiras que solo llevan a la ruina, pero para conseguir esos objetivos todo le es válido, absolutamente todo. Mal le va a esta sociedad.

 
Relativismo. ¿Pero qué es eso? No es ni más ni menos que pensar solamente conforme a los intereses momentáneos de uno mismo, pensar que el hombre puede disponer de todo en cualquier momento, que lo que ayer era malo hoy ya es bueno. Todo es relativo, según como se mire, todo vale. El hombre se mira a sí y se pregunta ¿puedo hacer esto?, y si se contesta que sí, va a por ello sin importar nada más, el hombre dispone y se impone sus propios límites que no son más que infinitos porque todo vale, todo es lícito, solo importa el interés.

 
Aquellas palabras que hace casi un año oímos, siguen resonando en nosotros, porque son justamente la clave para entender esto que hoy tenemos. Es la cosmovisión del hombre de hoy:

 
«Hay muchos que, creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos. Desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias; dar en cada instante un paso al azar, sin rumbo fijo, dejándose llevar por el impulso de cada momento».

El hombre se ha autojustificado como su dios, y por tanto todo vale. Pero detrás de esas ideas, detrás de todo esto solamente están presentes las fuerzas del mal, es todo un engaño, un gran triunfo del mal. Pero… Non praevalebunt!

martes, 19 de junio de 2012

No hay palabras



Por muchas vueltas que dé la vida, jamás habrá nadie como tú. Tú siempre has sido la ilusión de vivir, las ganas de soñar cada día más fuerte, la alegría de soñar esa ilusión de pensar en ti, de de verte a ti, de reir a tu lado.
No hay nadie como tú. Aunque quizás nunca veas esto. Aunque quizás yo nunca haya sabido decirlo. Pero da igual, allí donde está su tesoro allí está tu corazón. Es imposible que nadie haya sido tan feliz como yo lo he sido a tu lado.

Tú me has llevado a conocer un Mundo Nuevo, a conocer las mejores emociones que jamás pude imaginar. Contigo aprendí que todo tiene sentido, que todo es poco, que a tu lado la realidad supera la ficción.

Simplemente quiero que sepas que yo nací el día en que te conocí. Y que nos quiten lo bailao. Te quiero y siempre serás lo mejor.

domingo, 4 de abril de 2010

La Pasión que nos une

En el sepulcro ya no hay nada, y eso significa que la Semana Santa ha pasado, hace no mucho entraba el Resucitado de nuevo y con ello se ponía fin a algo más de siete días que en una palabra (o en dos como dirían algunos) se puede decir que han sido impresionantes. Yo aquí me pregunto si esta Semana Santa ha sido la mejor de mi corta existencia cofrade, pero mejor que no lo haga, porque para mí cada año es un mundo, cada semana de Pasión es diferente a las demás, es algo nuevo que me da la impresión que nunca antes ha ocurrido, es más, yo no tenía ni idea que ese crucificado que bajabamos de la cruz el otro día iba a hacer una cosa que han llamado "Resurrección". Por tanto, y fuera de bromas, como bien se ha dicho por ahí en sitios conocidos, la vida son siete días, porque todo lo malo que pueda haber se torna en nada porque desaparece.



Por tanto, esto ha acabado, y podemos decir teniendo en la cabeza cierta marcha, ¡Ahí queó!, porque lo vivido estos días en los que hemos sido peregrinos de fe en nuestra Jerusalen salmantina no nos lo quita nadie (lo sentimos señores laicistas o cómo ustedes se llamen, va a ser que no!!). Han sido días que escapan a toda expresión humana pues para mí en nuestro noble castellano no existen palabras, ni siquiera una, para describir lo que es la Semana Santa; han sido días en los que ha habido de todo, nunca mejor dicho, y aquí podemos, por decir algo, hablar del tiempo, pues hemos tenido lluvia (de debil a moderada, chubascos dispersos), ha hecho frio, mucho frio, hemos tenido momentos de menos frio, etc porque vaya bobada mentar aquí el tiempo que ha hecho, total, qué más da ya si ha pasado; en fin, que por ahora los locos cofrades dejaremos de mirar con tanta frecuencia las wess del tiempo, ya sean unos u otras, españolas o americanas, pues al fin y al cabo mienten más que la Gaceta.

Pero hablar del tiempo, es solo traer aquí la parte menos divina de esta santa Semana. Ha habido cosas mucho más importantes. Ahora toca hacer balance (y no precisamente contable), y para ello tengo que hablar en plural porque sino nada tendría sentido: sin duda alguna, puedo decir que hemos ganado el premio final, pues qué salmantinos han visto desde que han salido hasta que han entrado a la mayoría de las procesiones de Semana Santa, qué locos han hecho eso, pues sí, nosotros sí, por tanto, hemos ganado, tanto en la clasificación general, como en la de juventud (aunque hay gente nueva que entra en esto y tira fuerte), como en la de montaña (esto va por las cuestas que tenemos en Salamanca tierra mía), como en la regularidad, y por supuesto que no falte, en la de por equipos (aunque seamos solo dos, en el fondo tenemos la ilusión de miles).
Pensándolo, no creo que nadie haya hecho tal temeridad en esta Semana Santa, no creo que nadie más haya llegado a tanto como nosotros, pero hay que decir que ha merecido la pena, ya sea del dolor de piés, espalda o rodillas, el frio, el cansancio, el hambre... todo ello no ha sido nada comprarado con el premio de haber vivido una Semana Santa, que no es una más.

Momentos, personajes, marchas, pasos, olores... de todo ha habido en abundancia, y me alargaría demasiado hablando de cada uno de ellos, ni siquiera me atrevo a dar un momento que resalte sobre todos los demás porque no podría. Ni tampoco tendría palabras para describirlos, pues una mirada dice más que cualquier palabra y de eso también ha habido.
Personajes, los de siempre, pero también nuevos, ha habido primos, hermanos, conocidos y partidarios; detractores y seguidores. Todos ellos hacen que todo sea especial, todos ellos dan un toque especial a la Semana y la hacen única.
Marchas, impresionantes, las que durante todo el año oimos en diferido, durante una semana las oímos en vivo y en directo por nuestras calles y plazas; Cómo olvidar Presentado a Sevilla, A la Gloria!, Reina y Señora, Serva la Bari, Virgen de los Estudiantes, Caminando, La Salve..... no quería poner nombres porque todas me gustan.

En definitiva, hemos vivido lo que tantas veces hemos soñado, lo que tantas veces hemos visto al cerrar los ojos lo hemos vivido de verdad, y todo ello gracias a la ilusión que hemos tenido en estos días, porque la ilusión y la esperanza es el sueño de los despiertos. Cuántas veces hemos soñado levantarnos bruscamente y corriendo a las 4 de la mañana de un viernes Santo para a toda prisa ir a nuestro paticular puente de Triana salmantino; cuántas veces hemos oido a lo lejos o incluso imitado con las llaves el sonido de la Esperanza (aunque esto año no haya sido así, y espero que se soluciones pronto); cuántas veces según íbamos a clase hemos visto ya reflejada la silueta de algún Cristo en la casa de las Conchas, o yendo por algún rincón hemos olido incienso. Cierra los ojos y sueña que esperar todo un año merecerá la pena.


Pues bien, se dice que habrá primeros que serán últimos, y últimos que serán primeros, pues vamos a hacer eso, pues aunque ya hablaba antes de ello, debo decir aquí que lo mejor de todo para mí ha sido mi equipo, porque sin estar en él "na de na" sería lo mismo. Ya sea equipo de cámaras de fotos, que las hemos tenido casi a pares: con miles de fotos y algún que otro video; ya sea equipo de sonrisas o equipo de soñar; equipo de carreras por la ciudad o equipo fundacional de nuevas Agrupaciones Musicales (llamadas a ser dúo). La compañía en Compañía ha estado muy bien, pero también lo ha sido en la gloriosa y siempre esperada Madrugá, en la Catedral, en la Vera Cruz o en la Clerecía; ha estado muy bien la compañía siguiendo pasos como nos dicen algunos, o incluso interpretando marchas cofrades, porque en definitiva la compañía hace maravilloso cada momento.

Ya ha pasado la Semana Santa, porque ha resucitado, pero algunos locos ya queremos volver a verle muerto, que Él nos perdone pero es así, en definitiva, sin resurrección vana sería nuestra vida, porque si no hubiera subido de los infiernos no habría hoy procesiones, no habría nada, no seríamos nada porque Él nos ha unido a todos. Si no hubiera sido levantado sobre el mundo, Dios sabe qué cosas estaríamos haciendo ahora mismo, cosas paganas sin duda alguna (que algunos/muchos aun así siguen haciendo), este sería el paraiso de los laicistas y no habría ilusión en esos ojos que tanto he visto esta Semana Santa. Lo sentimos señores progres y demás camanduleros, Él resucitó y por eso ya no somos de este mundo aunque estemos en él, nosotros somos católicos por la resurrección y eso nunca nos lo podrán quitar porque si el mundo nos odia hay que recordar que antes le odió a Él (y ahora más que nunca que Viva el Papa, verdadero pastor del pueblo de Dios). Ha tenido que salir del sepulcro porque si hoy nos queremos es porque resucitó, alegría hermanos.

Nos quedan recuerdos de todo lo pasado, pero yo diría que algo más que eso, porque esto es algo más que unas vacaciones "de primavera", esto es un sentimiento, una ilusión, la más grande que nadie pueda imaginar. Vienen a mi cabeza, o mejor dicho, a mi corazón, miles de momentos, y hacen que me venga una sonrisa a la cara solo con recordarlos, o incluso alguna que otra lagrimita de emoción porque siete días hacen que todo tenga sentido. La Semana Santa nunca acabará, podrá pasar el cielo y la tierra pero la Semana de Pasión no, porque no debemos olvidar que no es algo que sea nuestro, pues nosotros nos iremos de este mundo, y ella se quedará aquí, pero a nosotros nos toca vivirla y cuidarla en este momento clave de la historia en el que estamos.

2011, Pasión 2011, queda mucho para ella, y no sabemos todo lo que pueda pasar hasta entonces pues en más de un año de todo, pero yo necesito tener esa ilusión, y saber que llegará pronto y que será única, y que durante siete días todo volverá a tener sentido. Ahí Queó! Que así sea!












domingo, 31 de enero de 2010

Padre, Maestro y Amigo

Su concierto han entonado
las campanas clamorosas,
al que vemos coronado
de laureles y de rosas.
Un vibrar de corazones,
de sonrisas y cantares,
te acompañan entre oraciones
todo el orbe en los altares.
D. Bosco te aclaman
cual padre y pastor
legiones inmensas
con himnos de amor.






Hoy por todo el mundo celebramos a San Juan Bosco, un soñador que con sus locuras supo salvar cientos de almas con fe, razón y amor. Qué hubiera sido de nosotros si don Bosco no se hubiera embarcado en este sueño que a día de hoy está presente en 130 países, que hoy en día sigue salvando almas juveniles y no tan juveniles. Imitemos más a don Bosco y nos irá a todos mucho mejor.